Infraleves

10 años de UEM y el futuro de los países del área

El siguiente texto es un extracto de la presentación realizada por Miguel Fernández Ordónez, gobernador del Banco de España, con motivo del décimo aniversario de la creación de Unión Económica y Monetaria.

La celebración de estos 10 años se produce justamente cuando el escenario macroeconómico global ha registrado un cambio muy profundo como consecuencia de la crisis financiera y está dominado por una gran incertidumbre y por la presencia de poderosas tendencias recesivas. Ahora, los que están en contra de una política monetaria única subrayan el impacto dispar que los cambios de coyuntura mundial pueden tener sobre los países miembros del área del Euro, al estar privados estos del instrumento de estabilización macroeconómica que proporcionaban las políticas monetarias nacionales. Habría que decir que éste no es un argumento en contra de la Unión sino, a favor de acelerar las reformas estructurales. ¿Alguien imagina cómo hubieran navegado los 16 países del área del euro en una etapa de tormenta financiera internacional si hubieran mantenido sus 16 monedas? Cualquiera puede darse cuenta de la magnitud y seriedad de los problemas financieros a los que se hubieran enfrentado estos países si, en esta coyuntura, cada uno hubiera conservado su moneda.

En estos momentos de enorme incertidumbre, la institución clave de la Unión Monetaria, el Banco Central Europeo, ha reaccionado de una manera ejemplar. Por un lado ha conseguido reducir el euribor en 5 meses del 5,3% al 2% a través de los cambios en la política monetaria, a pesar de los aumentos en los spreads derivados de la crisis financiera. Por otro lado, ha adoptado una política de suministro ilimitado de liquidez, en un marco de coordinación con otros bancos centrales, como ilustran los acuerdos para la provisión de liquidez en monedas distintas del euro. En este contexto de dificultades globales, la cooperación y coordinación entre autoridades nacionales, particularmente en Europa y en la Unión Monetaria, es hoy más necesaria que nunca. Las respuestas basadas en la adopción de medidas diseñadas desde enfoques eminentemente nacionales están, como en el pasado, destinadas al fracaso. La respuesta a las dificultades actuales por las que atraviesan nuestras economías pasa por más Unión Monetaria y por más Unión Europea.

El débil crecimiento potencial, los problemas de competitividad y productividad, la necesidad de encontrar el nivel ideal de regulación e intervención pública, una insuficiente flexibilidad de los mercados de productos y trabajo… estos son sólo algunos de los retos que siguen siendo clave para el bienestar de los ciudadanos europeos y, por tanto, que deberían continuar figurando de forma prominente en la agenda de los responsables políticos. Son estos los factores que determinan, más allá del corto plazo, la evolución económica relativa de los distintos países del área. Corresponde a las políticas nacionales trabajar para aumentar la capacidad de cada economía nacional para ajustarse ante perturbaciones adversas y para fomentar la productividad y la utilización de los distintos factores de producción. Cuanto más se demore la adopción de las necesarias políticas nacionales, mayores serán los costes potenciales ante acontecimientos adversos.

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