Infraleves

Días verdes en Brunéi

«Días verdes en Brunéi» es un relato escrito por Bruce Sterling, que narra la estancia y el cambio que supone para Turner Choi, la llegada al sultanato de Brunéi Darussalam.

En principio la historia se asemeja, con Turner Choi como protagonista y conductor de la historia, a una colisión de la cultura occidental con la oriental. Democracia, libertad, producción en cadena e indiferencia, se confrontan a, dictadura, restricción, artesanía y cercanía, que se dan en la isla del norte de Borneo. Un país del sudeste asiático, perteneciente Commonwealth, que se basa en el ecologismo generador de autosuficiencia y viviendo bajo la doctrina del aislamiento hacia el exterior (con mejor o peor forturna), que supone un régimen autocrático gobernado por la realeza.

Brunéi Darussalam. Al otro lado de la pequeña bahía, Brunei Town se alzaba a la luz tropical, con sus deslumbrantes techos adornados con tejados solares de fabricación casera, molinos de viento y abultados balcones invernadero. La mezquita de dorada cúpula del muelle quedaba rodeada por el alto legado de los edificios correspondientes al boom del petróleo del sigo XX; cuadrados bloques de oficinas, ahora extrañamente transmutados en granjas urbanas. Bruéni Town, la capital del sultanato, tenía cien mil ciudadanos: malayos, chinos, ibanos, dayaks, y un goteo de europeos. Pero era una ciudad silenciosa, No había coches. Ni aeropuerto. Ni televisión.

No es de extrañar, la desafección hacia la tecnología en Brunéi, que viene provocada por la relación reaccionaria hacia lo que significaba para ellos Occidente y las líneas de montaje. Supuestamente, además de la desconexión de la tecnología, el transporte aéreo y de la cultura televisión, bajo el sultanato también se prohibía el acceso a la Red. Esto último, Turner Choi no lo respetó ya que, con la ayuda de un moden trucado, una pantalla y un teclado oxidado además de la compartición ilegal de una antena parabólica de un carguero panameño, consiguió comunicarse vía Red. Y se dio cuenta que no era el único.

Eres un bricoleur, Chong. Puedes apañártelas. Puedes aprovechar. Eso es el bricolage…, usar los recortes para hacer algo que merezca la pena. Brunéi es ahora demasiado pobre para empezar con planes nuevos. No tenemos nada más que la basura que Occidente nos hizo comprar, botellas de coca cola y garajes para dos coches. Y ahora tenemos que vivir entre los desechos, y convertirlos en una comunidad. Es un trabajo duro, el bricolage. Hace falta un tipo especial de hombre, un ojo especial, para que las ruinas florezcan.

Lo que le había llevado a dicha conexión, el ser un bricoleur, un ingeniero cuya pasión por la tecnología le llevó a reciclar para solucionar su problema de comunicación. Ese reciclaje, ese ejercicio de bricolaje es también lo que era su trabajo en Brunei, para lo que había sido contratado, tomando la tecnología abandonada y reconvirtiendo la producción para dotar de robots a la estructura que generase la flota de barcos demandada por la realeza del país.

Ése inicio bricoleur, concuerda en el tiempo inicio en el tiempo de su interacción vía Red, con familiares y conocidos occidentales, además de la nueva e incipiente relación con Seria. Relación que ya sea vía virtual o en persona, va estrechando lazos, y también con otras personas, como Brooke, conformando sin buscarlo, su comunidad real dentro del pequeño país. Unas relaciones dentro de un aislamiento generalizado en la isla, que a pesar de ciertas restricciones (normas y convivencia regida por kampongs), se dieron sin planearse.

No habían planeado que sucediera así. Era parte de la dinámica de la Red. Para Seria, había sido una rara oportunidad de escapar de su rol y hablar con un extranjero interesante. Turner sólo buscaba el tipo de solaz femenino casual que nunca le había costado encontrar. La Red lo había engañado.

Pero las restricciones, y las normas y en definitiva, la gobernanza isleña, sí que había conseguido, por otra parte, cerrar el avance a una mayor corrupción y a los capitales especulativos que tan alejados están de la realidad para los bruneanos. Una visión de la acumulación de la riqueza deshumanizante y que sustrae valor a la economía, a las relaciones y a la vida cotidiana, por eso mismo, por su falta de dirección productiva en el mundo Occidental.

¿Y renunciarías a todo tu dinero, Turner? Él se encogió de hombros. -Sabes que no lo quiero. Ella sonrió tristemente. – Eso dices ahora, pero espera a que vuelvas a ver tu mundo […]

La verdadera existencia de Kyocera era como datos, no como inmuebles. Una compañía multinacional moderna no era sus edificios o su stock. Su verdadera esencia era su habilidad para aparecer en una pantalla, y canalizar esa información especial conocida como dinero a través del limbo global de las transacciones bancarias […]

-¿Qué libertad hay cuando sólo las naciones ricas pueden permitirse hablar? La Red es cara, Turner. Para ti es un modo de vida, pero para nosotros es sólo un megáfono para la Coca Cola. Construimos esto para bloquear los gritos del mundo exterior. Pareció mejor instalar el equipo aquí, en las ruinas, donde no haría daño. Es un buen lugar para esconder secretos. -Brooke suspiró-. Ya sabes cómo se extiende la corrupción. Todo el que la toca es tentado. Usamos esas parabólicas como nervio central de nuestra propia Red. Se puede conseguir una línea de salida…, una real, con vídeo. Ven, Turner. Jarabe de Arce puede hacer una llamada gratis a la civilización.

En vuestro Occidente es distinto. -Rodeó con los brazos sus esbeltas piernas y apoyó la barbilla sobre sus rodillas-. Algún día me iré. -No -dijo Turner-, esto es lo distinto. En Occidente las familias se desintegran, el dinero se mete en todo. La gente no se pertenece mutuamente, pertenece al dinero y a sus instituciones… Aquí al menos la gente puede preocuparse y vigilar a los demás…

Sin embargo, aún consiguiendo mantener a raya la especulación, la corrupción, la influencia negativa de las multinacionales, el trato de las personas como mero factor, el desmoronamiento al fin y al cabo, también se había pretendido establecer un linea roja a las relaciones entre posibles pares, a la creatividad e innovación, y a la tecnología como empoderadora social. En definitiva, pretendían poner puertas a las fuerzas a la construcción de un mundo distribuido en constante evolución, con restricciones a la innovación en cualquier ámbito, y a la amplitud comercial para ser transnacional. ¿El problema? no sólo uno, sino varios, pero es importante que el Estado no fue diseñado para ser vehículo conductor de lo que en Brunei subyacería de no existir muros acotadores.

Pensaba en quedarse, protegido en Brunéi para siempre, como una carpa tras el cálido cristal. Como uno de aquellos bonsáis en su maceta diminuta y cómoda, con la gente siempre cuidándote, tratando de que encajaras. Eso era Brunéi para ti, todo Oriente, en realidad: una comunidad maravillosa, pero la gente siempre te pisoteaba, y en la cara… Pero, ¿era mejor Occidente? Ancianos encerrados en asilos… Un paro atroz, y nadie sabía cuándo un robot o un sistema experto lo volvería a uno obsoleto… La gente hablaba a través de televisores y nadie conocía la cara del vecino de al lado… ¿Podría realmente renunciar a Occidente, abandonar a su familia, arruinar su carrera? Era una gesta romántica de lo más descabellado, porque, aunque fuera lo suficientemente valiente o estúpido como para romper todas las reglas, ella no lo haría. Seria nunca escaparía de su adat. Pertenecer a la realeza era peor que pertenecer a la Tríada.

Sin embargo, a través del relato, Sterling nos hace sentir en este punto que en cualquier momento, esa sensación de quebrantabilidad de la hermética sociedad y cultura bruneiana por parte de los protagonistas, puede disiparse por los arraigos de lo Occidental y lo Oriental, sumados al invernadero que era Brunéi, en manos de Brooke y Moratuwa. El primero es el que hace dudar a Choi sobre sus propios pensamientos, para ponerle a prueba conscientemente y de esta forma, avivar el debate interior entre el mundo del que viene y en el que ahora vive nuestro bricoleur protagonista. El encuentro con Moratuwa aún le hace reflexiones más, con el planteamiento de romper las puertas en Brunéi, llevar sus Kampongs flotantes, la flota construida por Choi, por todo el mundo dando salida a los que quieren aire fresco dentro de la Forma, orientalizada, que trajeron consigo Brooke y Moratuwa.

-No hemos venido a esta tierra a hacer las cosas cómodas para nosotros -citó Moratuwa. Miró a Turner-. Brunei florece ahora, joven. Tenemos las técnicas, la habilidad, la experiencia. ¡Es hora de abrir las puertas de par en par y hacer que la Acción Justa se extienda por toda la Tierra! Brunei fue nuestro invernadero, pero los campos son el ancho mundo exterior. Brooke sonrió. -Choi está construyendo los barcos. -¿Nuestras Arcas Oceánicas? -dijo Moratuwa-. Ah, espléndido.

Sus palabras, mi dinero…, pensamos que podíamos cambiar las cosas en todas partes. Brunei iba a ser nuestro laboratorio. Era lo suficientemente pequeño, y desesperado, como para escuchar a un par de chiflados.

Ahora había sacado su vida del programa; todo era diferente. Lo veía todo desde un ángulo nuevo, con los ojos de un bricoleur. Toda su vida esperaba ser aprovechada.

Tras diversas divagaciones, Turner se dio cuenta lo que era Occidente y lo que era Oriente, y que aún así, con su actividad en la isla y con Seria, podría ser feliz pese a lo que suponía vivir bajo el régimen autocrático. Perdía la capacidad potencial de la tecnología, el desarrollo del conocimiento libre, al estar cerrado en lo establecido por los kampongs del país, pero abrazaría la comunidad, el aprendizaje, el trabajar con y para las personas.

La educación y la formación no eran ninguna defensa. No hoy, cuando el conocimiento de un especialista podía ser programado en un sistema experto computerizado. ¿Estaba realmente más a salvo que estos bruneianos? Una llamada telefónica de treinta minutos volvería obsoletas a estas mujeres…, pero una sociedad que pudiera hacer su trabajo con robots no tendría ninguna utilidad para sus velas. Dentro de su pequeño invernadero, su mundo en miniatura de amables tecnologías, tenían más control que él. La gente hablaba en occidente de la «élite técnica», y Turner sabía que era una maldita mentira. La tecnología avanzaba a toda marcha con los últimos estertores del petróleo mundial, pero nadie iba realmente al volante. Enormes instituciones, gobiernos y corporaciones por igual, luchaban por el control, pero no podían comprender. No estaban preparados para la tecnología y lo que significaba, para la sólida confianza en un buen diseño. La «élite técnica» eran niños errantes. No decidían cómo estudiar, en qué trabajar, dónde podían ser más útiles o con qué fin. Lo decidía el dinero. Los técnicos eran poseídos por los abstractos unos y ceros de los microchips de los banqueros, pagados por rufianes con trajes de seda que nunca habían tocado un tornillo. […] Viviría aquí y les ayudaría. Brunei era un mundo nuevo, un mundo construido a escala humana, donde la gente importaba.

Pero como no podía suceder de forma planificada, por la dinámica de la Red, Turner acabó donde realmente el quería estar. A camino de lo que le brindaba Occidente y Oriente. Subido en un barco con Seria, Brooke y Moratuwa, justo cuando sus pensamientos habían decidido entre ambas opciones, que realmente no le convencía sólo aferrarse a una, su presente y futuro inmediato se vio subido en los barcos que había construido el mismo con la intención, que ahora conocía, de llevar la experiencia bruneana hasta aquel que quisiera aprender de ello. Sin ser consciente, se dirigía hacia el inicio de la vertebración de un nuevo mundo, la construcción de nuevos planos, no con los impuestos por los constructos estatales ni por elementos con poder artificial con intereses egoístas y rentistas propios.

-A Occidente -respondió Moratuwa-. Las Arcas Oceánicas se extenderán durante muchos años. Debo dar ejemplo llevando la noticia al mayor centro global de industria insostenible. Brooke hizo una mueca. -Se refiere a Norteamérica. -Empezaremos por Hawai. También es tropical, y nuestra experiencia se aplicará allí

-El mundo no se construye con sus planos, joven. -¿Con los de quién, entonces? -preguntó Turner-. ¿Con los suyos? -En realidad, con los de nadie -dijo Brooke-. Tendremos que hacer lo mejor que podamos con lo que nos salga. Bricolage, ¿recuerdas? -Extendió los brazos-. Pero es un mundo de locos, chico. Te ganamos en número. Coches veloces y shock del futuro y ese caluroso viaje a Occidente…, eso es otro siglo. Nos gustan los días lentos al sol. Nos gusta un lugar al que pertenecer y cosas amables a nuestro alrededor. —Sonrió-. Bien, estás un poco liado ahora, pero para cuando lleguemos a Hawai ya te habrás calmado. Hay un montón de trabajo por hacer. ¡Serás uno de nosotros! -Señaló la antena parabólica-. Montaremos esta cosa, y lo primero que haremos será llamar a tu banco. -Es un buen mundo para nosotros, Turner-dijo Seria urgentemente-. Ni del todo Oriente ni del todo Occidente…, como nosotros dos. Fue hecho para nosotros, es lo que hacemos mejor. -Le abrazó.

Turner miró a Brunei, hundido en verdes mangles calientes y cálido barro. Lentamente, pudo sentir la verdad de todo aquello deslizarse junto a él como una especie de ambiguas arenas movedizas. Iba a encajar. Podía ver su futuro extenderse ante él, limpio y predestinado, como cincuenta años de feliz lenguaje máquina. -Tal vez quería esto -dijo por fin-. Pero seguro que no era lo que había planeado. Brooke se echó a reír. -Mira, vas rumbo a Hawai, con una princesa y ocho millones de dólares. Tendrás que apañártelas de algún modo.

Ni es Occidente ni es Oriente, sino todo lo contrario, al reciclar aspectos de ambos, sumados a la ética hacker, en comunidad. Las particularidades positivas de Brunéi, con las comunidades, el aplanamiento para la relevancia de las personas, el empoderamiento ecológico, junto con la tecnología, el desarrollo del conocimiento sin trabas.

Es complicado no encontrar similitudes del final del relato de Días verdes en Brunéi, con la realidad actual de la que se habla desde Las Indias. Un realidad en la que la maceta Estatal asfixia la innovación desde cualquier ámbito, que evita por su estructura, la colaboración entre pares que enriquezcan el procomún, obstaculizando que se de lugar a una sociedad resiliente, empoderada, innovadora, con pruriespecialistas, tejida en redes distribuidas solapadas (lógica de la abundancia) y con mira transnacional (filé). Cercano al modo de producción p2p, y por ende a una vida interesante.

Un tipo de sociedad, estructurada en empresas comunitarias, que coincide en el tiempo con la caída de las escalas óptimas, que exige una nueva ética del trabajo acorde (ética hacker, aprendizaje), situando además, el conocimiento como bandera en el ámbito de la actividad de la empresa, sea cual sea. Filés, como podrían ser los kampongs flotantes que parten de Brunéi hacia todas aquellas personas que estén ya en los inicios de esa misma dinámica, que aún no saben porque no está planificado, porque está por venir.

6 pensamientos en “Días verdes en Brunéi

  1. Odinn

    Muy buena la coda con lo de la filés, a mí se me ha pasado por alto, totaliter (toda la parte religioso-ecologista del final del relato se me atragantaba un tanto y el viaje rumbo a la salvación de la humanidad empezando por Hawaii…

    1. Juan Autor de la entrada

      La doctrina religioso-ecologista… no me extraña que algunos quieran escapar jeje. Sí, lo he interpretado así, y le he querido dar el enfoque de filés y que su experiencia en Brunéi será para el que quiera “acercarse”, saltándome lo de salvar la humanidad que dice Moratuwa.

  2. Pingback: “Industry as a service” contra el proletariado del conocimiento « asincronía

  3. David de Ugarte

    Y leyéndote de repente se me ha hecho abrumadora la asociación entre Brunei y los entornos donde vivimos (Euskadi, Uruguay, etc.)… Por eso el link a la filé es más significativo todavía!

    1. Juan Autor de la entrada

      Sí, a mi me recordó tu entrada sobre las empresas a Brunei, en concreto a la pequeña industria tradicional 😉 Después Pablo con su actualización, después tu minipost. Todo encaja.

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