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Guerras Posmodernas

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La lectura que hoy nos ocupa comentar es autoría de Jesús Pérez Triana, cuyo título es «Guerras posmodernas», homónimo al blog que también actualiza frecuentemente.

En el libro, Jesús nos muestra la evolución de las guerras, de las primeras versiones dependientes de la nobleza, pasando por las modernas (con impuestos, ya no se necesitaba de nobles, los ciudadanos las financiaban) hasta llegar a las posmodernas. Las Guerras Modernas fueron tales gracias a la transición de la Edad Media al Renacimiento en Europa Occidental, justo en el momento en que aparecieron el capitalismo y la institución política del Estado.

Con el siglo XIX llegaron grandes cambios, y la evolución científica y tecnológica tras pasar por la Ilustración y la Revolución Industrial, terminaron transformando la sociedad, y por ende las guerras. Durante La Primera Guerra Mundial, muchas de las batallas fueron literalmente “picadoras de carne”. Los avances en las armas utilizadas no estaban a la par en cuanto a estrategias y tácticas. Morían muchos soldados a discreción.

Hoy en día, hemos llegado a un punto en el que las guerras se ganan en muchos casos, sin ni siquiera haber mediado batalla alguna. Pero, ¿solo han evolucionado las guerras?

Cuando surgieron los estados, los funcionarios, las administraciones, prosiguiendo todo lo que se ha conocido como Modernidad y Progreso, no se tenía como si siempre hubiera existido. Lo que ahora consideramos eterno, hace unos siglos ni se atisbaba. El Estado, al igual que las guerras, han crecido con la tecnología y la ciencia. Hoy en día, el límite en una guerra es arrasar la raza humana, pues está al alcance de los que ostentan gran poder armamentístico.

Pero, también, el límite para luchar en una guerra es el sentimiento que quiere generar el Estado por amor a la nación, que hoy en día, no está en auge en países desarrollados. La idea de morir por la patria se desmorona. Lo que moviliza al ciudadano son sus derechos, las injusticias. Digamos que los intereses del Estado y a quién supuestamente representa, no están alineados. La evolución social nos lleva a no querer morir por circunstancias que sólo benefician a los grandes partidos políticos, lobbys y grandes empresas.

A día de hoy, los estados de los países desarrollados no dirimen sus diferencias a golpe de guerras en la actualidad, por su devastador potencial, y porque los estados no tienen sentido en la forma de hace unos siglos. No consiguen involucrar los sentimientos de los ciudadanos como antaño, no son capaces de gestionar a los habitantes en pro de sus intereses. Cada vez es más complicado hacer creer a las personas que es un acto honorable morir por la patria, pues hablamos de un ente artificial, intereses particulares (de los que gobiernan o tienen poder de cualquier tipo) que carece de relación y de sentido para el conjunto de la población de dicho país, además de que ya no ven la violencia como medio para solucionar problemas (al contrario que el Estado).

La violencia es un tema no resuelto, resuelto en las mentes de la gente, porque no son violentos, pero no resuelto porque las instituciones de algunos países reaccionan con violencia, distintos niveles de intensidad. [1]

Las conexiones entre personas, gracias a toda la evolución tecnológica y científica, se han transformado de forma que hace siglos era inconcebible. Podemos establecer relaciones a kilómetros de distancia, o con vecinos con los que no cruzamos palabra alguna, dotar de una estructura a esas relaciones, a la cooperación, a una comunidad. Eso escapa de lo Estatal, habría que crear millones y millones de microestados para controlar estas relaciones, pero dejarían de tener sentido, pues no se reclaman estructuras rígidas. De la deliberación surge lo que los actores que participan quieran.

La deliberación no sólo está en el espacio constitucional, está en la sociedad. La deliberación no es de las instituciones, está en la sociedad. Para que así sea, deliberación de la sociedad, necesita de autonomía (espacio de autonomía), redes de internet y los espacios urbanos ocupados y los espacios institucionales conforme existen los anteriores espacios de deliberación no institucionales. La posibilidad de sentirse juntos, no es comunidad, pues no se comparten valores.

El Estado una vez fue necesario para gestionar los grandes territorios, pero con los avances se han convertido en un cascarón de interior vacío, una comunidad imaginada. Las guerras, ejecutadas por el Estado, de la misma forma, carecen razón de ser para el conjunto de la población de un país. No solo en cuanto a las guerras, también a la hora de representar en otros aspectos a la población de un país. Un principio de cambio vendrá dejando de pensar desde el concepto de territorio.

Todas las presiones, movimientos, están ahí, son rizomáticos. No desaparecen, están en el espacio de Internet, se están expandiendo (…) Esas presiones que no se canalizan por las instituciones políticas, están aprendiendo a convivir en ese espacio dónde se cruzan los deseos los proyectos y la incapacidad de expresarla institucionalmente. Esto ocurre en un contexto básico la crisis de legitimidad política de las instituciones democráticas creadas en los últimos doscientos años. La gente no confía en las instituciones (…)

Los Estados ejercen su poder para que la escasez exista, que sintamos que las diferencias entre clases y países es inevitable, ya que las estructuras que surgieron en la Edad Media están desfasadas y colaboran en generar dicha ineficiencia. Evitan de esta forma que queramos aplanar esas diferencias para que vivamos todos en abundancia. Procuraran caer lo más lentamente posible, apoyadas las instituciones actuales muchos de los ciudadanos que, gracias a una educación y concepción del trabajo (protestante) que consigue que no pensemos y no luchemos por nuestra autonomía y la de nuestras comunidades reales, tratando de mantener parte de su dominio, peleando por su falta de legitimidad en lugar de adaptarse y subirse a la ola del cambio.

Los movimientos como tales no tienen programa pero tienen un proyecto común, democracia en red: deliberación en Internet y en asambleas, disolver instituciones tradicionales. Y reemplazarlas por una sociedad que se gestione a sí misma. Es una utopía, pero, utopía es algo que no existe, pero es algo muy potente. Pero anidan en las mentes de las personas, como empezaron todas las grandes organizaciones políticas (socialismo, neoliberalismo, etc)

Referencias

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