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La ética hacker y la era de la información

Retomando el itinerario tras el comentario sobre «Aburrimiento, rebeldía y ciberturbas: una aproximación a la Economía Desmercada», la lectura protagonista de hoy es «La ética hacker y la era de la información», texto escrito por Pekka Himanen y publicado en 2001. No resulta sencillo reseñar este libro, con multitud de ideas y frases para almacenar.

El epílogo corre a cargo de Linus Torvals, quien establece lo que el entiende como motivaciones para el ser humano:

La ley de Linus. La ley de Linus establece que todas nuestras motivaciones se pueden agrupar en tres categorías básicas. Y lo que es aún más importante, el progreso consiste en ir pasando de una categoría a la siguiente como “fases” de un proceso de evolución. Las categorías son, por este orden, supervivencia, vida social y entretenimiento.

En cierta forma, resume las páginas que le siguen, al poner en el foco la importancia del “entretenimiento”. Eric S. Raymond habla de dicho término como “pasión”, para referirse a lo mismo. A lo que nos motiva como actividad, que es fuente de inspiración, que nos lleva a investigar, a ser creativos, pensar. Esta actitud se pudo ver en tiempos de Platón, fundador de la primer academia, y también en nuestra época, entre artistas, artesanos y los “profesionales de la información”, no sólo los hackers. Como bien expresó Burell Smith:

Se puede ser hacer casi todo y ser un hacker. Se puede ser un carpintero hacker. No es preciso disponer de elevada tecnología pienso, que tiene que ver con la artesanía y con el hecho de dar importancia a lo que uno hace.

En definitiva, lo que nos viene a decir es que la ética hacker del trabajo, afianzada día a día en la sociedad red, es extrapolable (de hecho ya lo es), a cualquier trabajo. Se enfrenta a lo establecido, a la ética protestante del trabajo, término que tiene su origen en el celebre ensayo de Max Weber aunque, como tal, surgió en el siglo XVI. Esta forma de asumir el trabajo, supone considerar una obligación la actividad desempeñada, sea la que sea, suponga una motivación o una desgracia, que sea ha de cumplir.

Incluso, un trabajo que nos pueda parecer atractivo y motivador, puede serlo o no, dependiendo de la ética bajo la que se rija. Bajo la ética protestante del trabajo, es probable que acabemos dedicando la mayoría de horas a un actividad profesional que no nos motiva en absoluto, alejándonos de los nuestros. Y si no fuera poco, que además nos embargue la continua obligación de cumplir con ello para sentirnos dignos.

Los hackers no son ingenuos ni están ciegos ante el hecho de que, en una sociedad capitalista, resulta muy difícil alcanzar de hecho plena libertad si no se cuenta con un capital individual suficiente. El capitalista afianza su poder sobre las vidas de los demás por medio del dinero, ya que es precisamente al trabajar por cuenta ajena cuando el individuo queda desposeído de su libertad para basar el trabajo en una pasión personal y pierde, con ello, el derecho a determinar sus propios ritmos vitales, al tiempo que el ideal del libre acceso para lo creado deja de estar a su alcance.

Las personas a las que queremos, al igual que actividades que nos entretienen y nos suponen un reto, son igualmente pasiones que, estaremos todos de acuerdo, no debemos abandonar al ostracismo, nunca, jamás. El capitalismo siempre querrá construir y fomentar la escasez, plantear la economía como un juego de suma cero, inocular la sensación de artificial de que el dinero es la única meta. Esto es así por lo necesario que es para los capitalistas imponer el capital para generar trabajos por cuenta ajena, para obtener margenes cuantiosos para sus bolsillos. Por ello, buscar un papel principal en nuestra vida a nuestras pasiones se antoja como la vía para ser libres y felices:

Cuando el dinero se convierte en el fin superior por sí mismo, la pasión deja de ser un criterio esencial con el que discriminar las opciones de trabajo. Entonces los proyectos se escogen en función de si prometen o no máximos beneficios. El reconocimiento, por tanto, queda determinado por la posición personal que tiene un sujeto, del lugar que ocupa en el seno de la organización, y de su riqueza personal.

El dinero lleva a las personas a ser una especie de autómatas, reprogramados, que trabajan por horas, vuelven a casa, buscan la optimización y cuyo ocio no va más lejos de ver la televisión y cruzar cuatro palabras si alguien convive contigo. Cuatro palabras porque se llega exprimido del trabajo, no se tienen ganas de pensar para dedicar a las pasiones y tampoco vivir con intensidad las relaciones personales. Bajo esta dinámica, dejamos de compartir con los demás, de aportar y de impulsar lo que nos apasiona.

Esta primaria cuestión de la organización de la vida reviste una inmensa importancia. Si hacer dinero es la meta principal, uno a menudo se olvida de lo que son sus intereses genuinos o de qué modo quiere hacerse digno del reconocimiento de los demás. Es mucho más difícil añadir otros valores a una vida organizada a partir del objetivo único de ganar dinero, que hacer financieramente factibles, o incluso estables, las empresas que desde una óptica personal resultan interesantes. En el primer caso, lo que hago sin sentirme verdaderamente interesado en ello con toda probabilidad carecerá también de interés para los demás, y para vendérselo tendré que persuadirles de que ese algo intrínsecamente sin interés es algo, al fin y al cabo, interesante (la tarea a la que se dedica en su mayor parte la publicidad).

Trabajar en lo que nos gusta, dedicar tiempo a nuestras pasiones, mantener vivas nuestras inquietudes, pensar e investigar, generar aportaciones valiosas para los demás, ¿qué mejor forma de progresar y de dotar de sentido a nuestras vidas y a la de los que nos rodean?

De hecho, hay razón para preguntarse por qué, pese a todos los avances tecnológicos, la jornada cotidiana se dedica de forma tan predominante a lo que se suele llamar ganarse el pan. Esa increíble evolución, ¿no debía elevarnos desde el nivel de la supervivencia hasta otros superiores? Tal vez lleguemos incluso a la conclusión de que el progreso general de la historia no se orienta a hacer nuestra vida más llevadera, sino a hacer cada vez más difícil ganársela. Tal como comentó el filósofo chino Lin Yutang, desde la perspectiva de la civilización regida por la ética protestante, “la civilización consiste sobre todo en buscar comida, mientras que el progreso es aquel avance que hace más y más difícil conseguir qué comer”.

Me vienen a la cabeza, conversaciones pasadas, comentarios de profesores que iban dirigidos hacia las “salidas” de la actividad a las que queríamos dedicarnos o los que contestaban que el objetivo debía ser lo que nos gustara. Haced lo que os guste -nos dijo un profesor del instituto-, sino seréis unos desgraciados tarde o temprano. Un oasis en medio del desierto. La educación proporcionada, en su mayoría, iba y va encaminada a que reproduzcamos lo que nos dan por escrito, no a hacernos pensar y potenciar la creatividad y pasiones de cada uno.

Recuerdo, a colación, que en el colegio nos ofrecieron realizar un trabajo sobre algunos pensadores y, sin saber más que el nombre elegí Robert Owen. Al investigar un poco para hacer el trabajo, encontré un punto de vista que rara vez he vuelto a cruzarme en las instituciones educativas que he conocido. Robert Owen, defensor del cooperativismo, tenía una visión sobre la educación que se ajusta a parte de lo comentado en éste post por lo que son recurrentes los dos párrafos siguientes, que fueron autoría del Owen (Perspectivas: revista trimestral de educación comparada.pdf):

Reconociendo que cada niño tenía distintas aptitudes y cualidades, señaló que la intención de su sistema no era que todos los seres humanos fueran iguales. La educación tenía que hacer que todo el mundo fuera “bueno, sabio y feliz”(…)

Entrad en cualquiera de las escuelas que se llaman nacionales y pedid al maestro que os muestre lo que saben los niños. El maestro llamará a los niños y les hará preguntas teológicas a las que los hombres más eruditos no pueden responder racionalmente; los niños, no obstante, responderán enseguida del modo que se les ha enseñado previamente; porque en esta parodia de la educación la memoria es el único requisito exigido. Así pues, el niño cuya facultad natural de comparar ideas o cuyos poderes de raciocinio queden destruidos más deprisa, si al propio tiempo posee una memoria suficiente para recordar cosas sin hilación, será el primero de la clase; y las tres cuartas partes del tiempo que debería dedicarse a impartir una instrucción útil,se habrá dedicado en realidad a destruir la capacidad mental de los niños”

Una traslación coherente y lógica, sería que cada uno pueda decidir sobre qué estudiar, en base a aptitudes, pasiones y bajo una máxima, el aprendizaje.

Si lo conseguimos, el establecer nuestras pasiones como lo principal en nuestra vida, se conseguirá permear a todo lo que nos forja. Por tanto, alejarse de la ética protestante es necesario para ser libres. Huir del actual sistema educativo, adoctrinante y con una visión napoleónica de la sociedad y de la universidad como su pilar intelectual, por una ‘educación p2p’ como la debatida en Las Indias hace unos meses, es fundamental para que el trabajo se asemeje a lo planteado desde el enfoque de la ética hacker. Pasaríamos entonces a hablar de educación más que de aprendizaje.

Bajo lo expuesto sobre el trabajo y la educación en párrafos anteriores, y si así fuera, entonces se podría afirmar que estaríamos caminando hacia la abundancia, a través del mercado, pero con nuestras pasiones como principal objetivo y razón de ser, bajo un aprendizaje constante. Cuando algo te apasiona, te lleva hasta pares, que comparten tus motivaciones y pasiones, con las que se colaboraría y compartiría, como comunidad (empresa comunitaria, comunidad de jugadores de go, programadores, artesanos, etc).

A posibles escépticos, pese a todo lo desarrollado por el libro, siguen viendo capitalismo encubierto, comunismo oculto, o incluso altruismo sin más, en lo desarrollado por Himanen, ella se cura ante estas “etiquetas” en uno de los párrafos:

La ética hacer del trabajo se opone al trabajocentrismo no sólo del capitalismo, sino también del comunismo. Deberíamos recordar que pese a sus diferencias, tanto el capitalismo como el comunismo se basan históricamente en la ética protestante, tal como el sociólogo Peter Anthony subraya en este fragmento de su Ideology of Work: “Todos estos elementos de la ética protestante (que subyace del capitalismo) trabajo, medida, racionalismo, materialismo, se hallan presentes en el comunismo, como alternativas confusas a otras nociones más aceptadas, sino como puntales que anulan cualquier otro.

La no necesidad centralizadora, que suponen estos sistemas económicos, como el capitalismo y el comunismo a través de los estados y sus instituciones artificiosas en cuanto a representación y defensa de comunidades reales, supone un jaque claro a su razón de ser. En este caso, el problema son dichos modelos económicos e instituciones, ante la evolución actual de las tecnologías y comunidades reales, su adaptación carece de sentido. A pesar de estar limitados vía idiomas, universalismos, localismos y miedos varios, la tecnología está logrando conectar a iguales, pares con intereses similares, empoderarles, lo que les lleva a ser conscientes que han de generar valor con sus actividades vía mercado (lo cual está a su alcance más que nunca), pero también aportar a la vez al procomún, pues no se crece si se hace sometiendo a otros vía capital, privatizando el conocimiento (que es de todos) y fomentando el trabajo ajeno explotador. Bajo este contexto, la crisis de las escalas se incrementará.

En ‘Las Indias’ y en el entorno neoveneciano hemos podido leer, y participar en el debate sobre tres principales figuras del nuevo comunitarismo que se expresa en inglés. En estado de “investigación”, se han compartido esbozos sobre la economía directa, que engarza con lo que trae consigo la reducción de las escalas, la evolución tecnológica, afectando a la vida en el hogar. También, el punto de vista de las empresas comunitarias y sus distintos nacimientos, su organización otorgando relevancia al comunal (beneficio social desde la perspectiva hacker). Además, se ha tratado el emprendedurismo-antiestatal desarrollado por Kevin Carson que, junto con la globalización de los pequeños, sumado a todo lo anterior comentado, se convierte por si solo en una suerte de activismo de mercado que nos muestra que cada vez es más accesible, ser capaces de desarrollarnos de acuerdo a quienes somos, aprender y trabajar en lo que nos apasiona. Si es que se quiere, claro, sino se puede dejar que los aprendizajes “makers” impregnen nuestro trabajo o, simplemente, tener tiempo para el desarrollo de nuestras pasiones aunque no invadan los límites del trabajo. Todo ello fluirá en mayor medida, sin pensar desde la lógica del Estado, pero sí desde una dimensión transnacional, apoyándonos la innovación, en una confianza mutua, el comunitarismo y la liberdad de cada cual a crecer, experimentar, en definitiva, aprender en el seno de distintos nodos-comunidades reales, que son y conforman el modo de producción p2p.

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3 pensamientos en “La ética hacker y la era de la información

  1. David

    Excelente lectura de Himanen! De alguna manera, seleccionando y relacionando, lo pones al día también en un momento en que el propio término hacker, no hablémos del de «ética», son duramente atacados por la gran máquina de destruir significados…

    1. Juan Autor de la entrada

      Me alegra que te haya gustado David 🙂 Totalmente destruidos, como dices la parte «ética» y también el término hacker. Y eso que no he entrado en la diferenciación entre hackers y crackers… Hace un par de días, hablé con un amigo sobre el tema. Él defendía que “los hackers son los que entran en los ordenadores para robar información”. Pero claro, si en casi todos los medios de comunicación los catalogan así…

  2. Pingback: Pekka Himanen y la Ruta Emprendedora Artesana

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