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Lo imaginado y lo real. Una vida interesante en la era p2p

Los humanos, como somos seres sociales necesitamos de las relaciones personales y del aprendizaje de otros para, como personas, enriquecer nuestra experiencia y desarrollar nuestro conocimiento.

Todas las etapas de la vida, nos aportan una diferenciación única, unas determinadas trazas que incorporamos y nos determinan. Nos vienen dadas a partir de las relaciones con amigos, familia, en definitiva, nuestra “comunidad real” que supone una fuente de sabiduría común. Es así porque, lo adquirido durante los años se comparte.

Lo compartido, es de gran valor pues se genera a la sombra de comunidades reales. Cuando hablamos de comunidades imaginadas, éstas no suponen un procomún valioso construido entre pares, sino la adquisición de prejuicios que no tienen que ver con los individuos concretos, ni con el colectivo imaginario en general (las naciones, por ejemplo).

Cuanto menos disidente sea un individuo, desaprovechando entablar relación con pares y otras comunidades reales distintas y no aprenda y asimile características diferentes, menos rico será su proceso de evolución personal. La huida de comunidades imaginadas hacia comunidades reales, y de éstas últimas hacia conocer e interactuar con otras comunidades reales, supone un paso determinante en pro de la libertad (real) y desarrollo pleno del individuo. La multipertenencia y la confianza mutua, una de las lecciones que se extraen de la lectura de ‘La lógica de la abundancia’, son las bases de nuestro crecimiento personal propio de un modo de producción entre pares.

Todo esto, ¿cómo encaja con una vida interesante? Una vida en la que nuestras pasiones ocupen un papel central, que sean el motor de nuestra independencia económica además de, afectar a nuestra comunidad y al procomún.

Michael Bauwens nos ofrece en el post escrito para ‘Las Indias‘, «¿Qué significa tener una vida interesante en la era P2P?», una respuesta clara a la pregunta anterior. Nos explica que una vida interesante bajo el contexto expuesto, significa desarrollar dicha vida en tres esferas:

  1. La esfera de la pasión y el propósito. Cada uno tiene que encontrar lo que nos llena de energía, lo cual no siempre es fácil.
  2. La esfera de nuestras habilidades. La pasión por sí sola no es suficiente, tenemos que aprender las habilidades necesarias para operar efectivamente en la esfera de nuestro propósito y nuestra pasión.
  3. La esfera de la necesidad social, las necesidades de los demás. Las anteriores esferas suponen lo que podría llamarse una vida interesante, pero que posiblemente no sea suficiente para sostenernos económicamente. Para ello es necesario que nuestra pasión y habilidades asociadas, estén enfocadas a cubrir alguna necesidad social.

Se trata pues, de producir un procomún en comunidad con nuestros pares (comunidad real), involucrándonos significativa y apasionadamente usando nuestras habilidades. Como comentábamos en el post “El poder de las redes”, la mente del ser humano está en pleno apogeo cuando la volvemos a muchas cosas, es decir, cuando nuestras decisiones nos encaminan hacia ser pluriespecialistas, desarrollando nuestros distintos aspectos en diversos proyectos o en distintas características de un mismo proyecto.

Cobra vital importancia el reconocimiento de nuestra aportación al procomún, dejando de existir roles sociales, para dejar a las claras que las personas no son mejores ni peores que otros, siempre en constante competencia eliminatoria como proponen los sistemas económicos de suma cero, sino que seremos más y mejor cooperando (abundancia). Es necesario que seamos conscientes de que no es correcto afirmar que una persona “valga” más que otra, pues tenemos habilidades que se nos dan mejor que otras y que, a través de un aprendizaje y nuestra evolución llevándonos a ocupar esas necesidades sociales para producirlas, nuestra aportación a la comunidad y al procomún será más valiosa.

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